Ámbito de intervención 1: Cohesión de grupo

Tras el aprendizaje cooperativo hay
unos determinados valores como la solidaridad, la ayuda mutua, el respeto por las
diferencias… Estos valores, sin embargo, no pueden crecer, o crecen con muchas
dificultades, en “terrenos” poco “abonados”: en un grupo clase plagado de tensiones y
rivalidades entre sus componentes, con alumnos marginados, excluidos, insultados, si
no perseguidos y maltratados física y psicológicamente…, en un grupo con estas
características suena como algo muy extraño, fuera de lugar, pedirles que formen
equipos de cuatro para ayudarse mutuamente, darse ánimos, respetarse y no estar
satisfechos hasta que todos hayan progresado en su aprendizaje… 

Muchas veces, esta forma de organizar la clase –en torno a equipos de aprendizaje cooperativo- 
no acaba de funcionar, no porque no sea buena en si misma, sino porque el grupo clase en el que se
aplica no está mínimamente cohesionado ni preparado para ello.

Por otra parte, así, de golpe y porrazo, sin previo aviso y sin una mínima preparación y
mentalización del grupo de alumnos, es muy difícil aplicar en las aulas el aprendizaje
cooperativo. La mayoría de alumnos que quieren estudiar, que están motivados para ello
y que tienen una buena capacidad, prefieren trabajar solos… Los que no quieren
estudiar, no lo hacen de ninguna de las maneras… Además, muchas personas, y también
algunos profesores y profesoras2, piensan que, de alguna forma, organizar equipos
cooperativos dentro de la clase es ir contra corriente: la sociedad actual es cada vez más
competitiva e individualista, cada uno va a lo suyo y busca su propio interés, y a
algunos no les importa prescindir de los demás con tal que ellos consigan su objetivo…

En un grupo de alumnos que tenga estas características –la competitividad y el
individualismo- se percibe como una cosa muy rara y extraña que les propongamos que
se ayuden unos a otros, que cooperen…

Sin embargo, en según qué grupos de alumnos, hemos podido comprobar que los
equipos de aprendizaje cooperativo funcionan muy bien. Se trata, por lo general, de
grupos muy cohesionados, en los cuales los alumnos y las alumnas, en su conjunto, son
amigos, aunque unos lo sean más que otros. Llevan mucho tiempo juntos y se han ido
tejiendo, entre ellos, a lo largo de los años, fuertes lazos afectivos… Así pues, ¿porqué
en lugar de dejar de trabajar de esta forma en los grupos poco cohesionados, no
programamos actividades con la finalidad de “ponerles a punto” para trabajar de forma
cooperativa, de modo que no lo consideren como algo tan extraño? Por esto debemos
disponer de recursos apropiados para avanzar en esta línea: la cohesión del grupo, como
una condición necesaria, pero no suficiente, para estructurar la clase de forma
cooperativa.

Efectivamente, parece muy evidente que, en la mayoría de los casos, antes de introducir
el aprendizaje cooperativo, deberemos preparar mínimamente al grupo clase, e ir
creando, poco a poco, un clima favorable a la cooperación, la ayuda mutua, la
solidaridad. Se trata de incrementar, paulatinamente, la conciencia de grupo, en el
sentido de que entre todos conforman una pequeña comunidad de aprendizaje. Este es el
primer ámbito de intervención.

Para intervenir en este ámbito disponemos de un “espacio” o un “tiempo” privilegiado:
la tutoría y la acción tutorial. Se trata de programar, dentro de la tutoría, una serie de
dinámicas de grupo y otras actividades que faciliten este “clima” y contribuyan a crear
esta “conciencia de grupo” colectiva. Entendemos por dinámicas de grupo al conjunto
de operaciones y de elementos que actúan como “fuerzas” que provocan, en los
alumnos, un determinado efecto, en función de las necesidades de un momento dado en
un grupo determinado: que los alumnos se conozcan mejor, que interactúen de forma
positiva, que estén motivados para trabajar en equipo, que tomen decisiones
consensuadas, etc.

Hemos ido descubriendo la necesidad de intervenir en este ámbito al observar que el
aprendizaje cooperativo funcionaba muy bien en algunos grupos y, en otros, en cambio,
no tan bien e incluso muy mal. En el primer caso, se trataba de grupos muy
cohesionados, en los cuales los alumnos llevaban mucho tiempo juntos, se conocían
bien, y la mayoría eran amigos. En el segundo caso, en cambio, eran grupos muy
dispersos, con subgrupos muy acentuados y enfrentados, con alumnos marginados y
excluidos. En un grupo así resultaba prácticamente inútil intentar trabajar en equipo…
Pero, en lugar de renunciar a trabajar de esta manera, pensamos que podríamos
programar algunas intervenciones para crear las condiciones mínimas para poder
plantear una estructura cooperativa.

De todas formas, tampoco se debe caer en el extremo opuesto de querer preparar tanto
al grupo antes de introducir el aprendizaje cooperativo que nunca acabemos de verlo
suficientemente dispuesto a trabajar de esta manera en clase. A medida que el grupo clase
vaya acumulando pequeñas experiencias positivas de trabajo en equipos cooperativos su cohesión 
como grupo también irá aumentando, y cuanto más
cohesionado esté más fructíferas serán las sucesivas experiencias de trabajo en equipo…

Este primer ámbito de intervención –para conseguir un clima favorable y crear una
mayor conciencia de grupo- es no sólo necesario sino imprescindible, si, además, en una
clase, se incluye algún alumno o alguna alumna con alguna discapacidad o con un
origen cultural muy distinto al de la mayoría.
Última modificación: jueves, 23 de enero de 2014, 13:03